A la hora de hablar de anécdotas y encuentros personales con el Indio Solari, el reconocido cartero whitense Ricardo Barragán tiene una historia muy especial, que cobra más valor en este contexto especial por la partida del líder de Los Redonditos de Ricota.
El contacto se remonta hace casi 12 años y el punto de encuentro fue Carhué, en el Hotel de Epecuén.
«Al momento de la cena en el hotel, una moza nos comentó que se encontraba cenando el Indio Solari. Mi esposa se acercó a pedirle una foto y la respuesta fue que no iba a haber problema luego de terminar de comer», recordó Barragán.
«Amigo, ¿nos sacamos la foto?», exclamó Solari, quien estaba con un grupo reducido de personas y sin seguridad ni custodia.
Ricardo recuerda ese momento como una foto con una persona «sencilla», muy lejos de la magnitud que exponían las populares misas ricoteras.
Luego de la foto, Barragán le pidió un autógrafo para su hijo Darío, quien se había quedado en White y se perdió el momento especial.
«Jodete por no venir», fue el remate de Solari luego de la dedicatoria para Pocho, como lo apodan en el barrio.
«Incluso, mientras estábamos en el Hall, el Indio me pidió dos veces la lapicera para firmarle unas entradas a dos chicos que pasaron por el lugar», agregó.
Automáticamente, el padre llamó al hijo para contarle el encuentro y, en ese momento, Ricardo se acercó nuevamente a la figura de Solari y le dijo que estaba hablando con su hijo.
Al igual que en el autógrafo, el Indio saludó a Darío y volvió a remarcarle la oportunidad que se perdió.
«Después de ver tantos recitales, lo recuerdo como algo muy especial. Yo no conocía tanto quién era, soy de otra época. Pero, más allá de la foto, me quedó marcada esa sencillez y calidez con la que me recibió. Me contó que le gustaba Epecuén por la tranquilidad que tenía y disfrutaba de ese contexto», cerró.
No es de extrañar, que el Indio haya elegido ese lugar para una producción de fotos que ilustra uno de sus discos, dentro de una obra que desde este 5 de junio pasó a ser eterna.





