Bahía Blanca se vistió de gala y nostalgia para recibir a una de las plumas más respetadas del periodismo deportivo continental: Carlos Irusta, quien desnudó su alma y su memoria en la presentación de su nuevo libro, «Yo estuve ahí».
La cita fue el pasado jueves 14 de mayo en el auditorio de la Cooperativa Obrera (Zelarrayán 560), bajo el ala del Ciclo Cultural Bahía Blanca No Olvida. No hubo rigideces institucionales ni discursos acartonados.
La noche se transformó de inmediato en una íntima «charla de café» entre Irusta y el gestor cultural José Valle, donde el público se sentó a la mesa de los recuerdos.
En el aire flotaron las historias del mítico Salón de los Deportes bahiense y del sagrado templo del Luna Park. Bajo la guía de su relato, cobraron vida figuras colosales que marcaron a fuego las páginas de El Gráfico y las noches de Tito Lectoure.
Así, el auditorio viajó en el tiempo junto a leyendas mundiales como Muhammad Ali, Mike Tyson, Sugar Ray Leonard, Marvin Hagler y Roberto «Mano de Piedra» Durán; se emocionó con glorias de nuestra tierra como Monzón, Locche, Gatica, Bonavena, Galíndez y Accavallo; y rindió silencioso homenaje a eternos héroes del cuadrilátero como Pipino Cuevas, «Martillo» Roldán, Eduardo Lausse, Gustavo Ballas, Andrés Selpa, Carlos María Giménez, Luis Federico Thompson, Sergio Víctor Palma, Santos Benigno Laciar y Horacio Saldaño.
El cruce de pasiones argentinas se selló con música. La reconocida cantante Gaby, «la voz sensual del tango», erizó la piel del numeroso público con interpretaciones profundas y sentidas de los tangos «El Último Round» y «Un Sábado Más», dándole el marco perfecto de arrabal y nostalgia a la velada.
La noche conectó el pasado con el presente gracias a la participación del destacado púgil bahiense Neri Muñoz, símbolo de la continuidad del boxeo local. Como broche de oro a una jornada histórica, la Dirección de Turismo local, liderada por la licenciada Karina Sánchez, organizó un bus turístico que recorrió los puntos icónicos que forjaron la identidad del boxeo en Bahía Blanca.
El momento de mayor sensibilidad de la noche llegó cuando el propio José Valle junto al Ingeniero Carlos Benítez subieron al escenario para hacerle entrega de una medalla y un diploma de honor. El galardón, que premia su inmensa y destacada trayectoria periodística, conmovió al escritor, quien recibió el aplauso cerrado y de pie de todo el auditorio.
Irusta, recientemente nominado al Salón de la Fama de Canastota, firmó ejemplares y dejó en la ciudad algo más que un libro: regaló la certeza de que, mientras haya quien recuerde, las leyendas nunca cuelgan los guantes.





