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Instagramers: ahí también hay un negocio

Vivir de la fotografía sin ser fotógrafos. Una nueva tendencia que gana adeptos en el país es vivir de las redes sociales. La vida de los instagrammer y el modelo de negocios que creció alrededor de ellos.

Instagram nació en 2010 como una aplicación para tomar fotografías, editarlas y compartirlas, todo desde tu iPhone o smartphone. Su función y uso es muy simple. Luego de tomar la foto, la aplicación permite aplicar filtros a la imagen que hacen que ésta simule haber sido tomada por cámaras mecánicas simulando la textura, por ejemplo de las Polaroid o de las Lomo. Una vez que el usuario elige el filtro deseado, la foto es subida a su perfil online y compartida con los demás usuarios de la plataforma. Además, cuenta con una íntima integración con Facebook y Twitter, lo que permite que las imágenes se compartan fácilmente con aquellos que no están dentro de Instagram. Ese fue su comienzo, y creció tanto y tan rápido que fue rápidamente adquirida por Facebook en una transacción multi millonaria. Hoy en día cuenta con 300 millones de usuarios y bien acomodada en el TOP 10 de las redes sociales más importantes del mundo.

Por eso es que hoy podemos hablar del negocio de los instagramers. Al igual que los youtubers, los instagrammers también encontraron un nicho de mercado en el uso de las redes sociales. «Hoy se denomina como instagrammer a aquellas personas o personalidades que han adquirido cierta relevancia y popularidad en esa red social, de modo tal que poseen un número importante de seguidores, una audiencia fiel, y un público atento a sus comentarios y opiniones, y que, de algún modo, marcan tendencia o son capaces de tener un impacto o influencia en quienes los siguen.» nos explica Florencia Pereira, instagramer y blogger en Penny Lane Blog.

Este liderazgo a manos de un grupo selecto no paso desapercibida por las grandes marcas. En muchos casos, distintas marcas se acercan a los instagrammers, teniendo en cuenta esa habilidad de estos últimos de tener cierta influencia en sus seguidores. ¿Y cómo funciona? «Así, la marca se acerca a la persona pensando que si tal vez usa o recomienda un producto, por ejemplo, su audiencia también lo haga.» sigue explicando Florencia Pereira. Si la marca se acerca al influencer –el usuario relevante en Instagram-siempre lo es con alguna propuesta: canje por productos o tal vez un precio en dinero por publicación.

Pereira, que es abogada argentina de 27 años, escritora y bloggera según cuenta en su blog de lifestylepennylaneblog.com,  trabaja, al menos parcialmente, de esto. Actualmente es embajadora de Microsoft Lumia en nuestro país. La marca se puso en contacto con ella para que probara uno de sus teléfonos y comparta la experiencia con sus seguidores. Pero advierte que  «hoy por hoy tengo un trabajo normal, de oficina, y todo lo que tiene que ver con el blog y demás, es algo que hago en mi tiempo libre, y que de a poco ha comenzado a darme ingresos». Aparentemente, no se necesita ningún requisito especial o excluyente para entrar al negocio. Te creaste un perfil en redes sociales o un espacio en la web. Por tu personalidad, tus gustos, tu estilo, etc, hubo gente que empezó a seguirte. Gente que empieza a leerte, a escuchar tus opiniones, a valorar tus recomendaciones. Por esto es que las ganancias dependen muchísimo de la cantidad de seguidores. Alguien con, por ejemplo, 5000 seguidores puede cobrar tal vez 500 pesos un posteo en Instagram.

La otra consideración es el engagement que tiene que ver con la interacción, por ejemplo, muchísimos seguidores y muy pocos likes por foto en comparación o tal vez nulos comentarios habla de un engagement bajo. ¿Se puede vivir de esto? El punto pasa por ver cómo sigue esa evolución, sostiene Florencia Pereira. «Si de repente los posteos de una persona en Instagram son todos publicidad, o productos regalados, o promociones, tal vez pueda perderse esa personalidad, ese estilo, ese «algo» que te hizo único al principio y por lo que la gente te empezó a segur. Y puede que eso lleve a que la gente deje de seguirte.» por lo que el balance importa. Algunas personas, de hecho, no pueden manejarlo.

Fuente: Matías Castro para Mercado.

 

El caso O´Neill

Las redes sociales estallaron cuando Essena O´Neill, una joven australiana estrella de Instagram a nivel mundial, destruyo el modelo de negocios de la publicidad en redes sociales. «Me hubiera gustado comer bien ese día. Probablemente le grité a mi hermana pequeña hasta que consiguiera una foto que me gustara» dice sobre una fotografía en un paisaje idílico y que vieron más de 700.000 seguidores de su cuenta de Instagram. El 27 de octubre, O´Neill eliminó más de 2.000 fotografías que había compartido con otros usuarios en Instagram «que no sirvieron para otro propósito que no fuera la auto promoción» y creó una página web para ayudar a otros adolescentes y jóvenes a desengancharse de los follows y los likes. La joven instagrammer expuso a las marcas y denunció que era sumamente infeliz viviendo para salir bien en las fotografías y que nada de eso era real, todo era publicidad paga y una gran cortina de humo que sus seguidores habían comprado gustosos. Para Florencia Pereira, «Tal vez tiene más sentido si además pensamos en que es alguien chico y que cuenta que todo en su vida pasaba por la aprobación y el «megusteo» de la comunidad de redes sociales.» y asocia el colapso a la adcción a la aprobación. Aunque admite que «Creo que crea esa sensación de que eso, lo que esa persona muestra o representa es la belleza o el éxito. Seguro habrá detractores, o personas que puedan ver más allá de una foto o algunas líneas, pero lo que significa para los más chicos. Para los niños o adolescentes que tal vez no pueden percibir eso es tremendo.»