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«Es muy bueno volver a la Cocina del Museo del Puerto y encontrarse con las caras amigas de siempre»

El domingo pasado el tradicional espacio de despliegue cultural y de disfrute para las colectividades volvió a abrir sus puertas. La Asociación Helénica dijo presente y lo vivió con mucha satisfacción.

A la par de las expectativas generadas y la satisfacción que provocó un momento sumamente especial como fue la reapertura de la cocina del Museo del Puerto, Alejandra Berrícano nos comentó de qué manera la Asociación Helénica se preparó para este regreso tan esperado y el presente de la entidad de calle Plunkett.

«Es muy bueno volver a la cocina y al museo. Preparar todo nuevamente se vive con mucha alegría, sumado al encuentro con la gente y las caras amigas. Compartimos el domingo con otras cuatro colectividades y, en nuestro caso, llevamos las especialidades dulces. Durante la pandemia no tuvimos la oportunidad de recaudar fondos y este espacio nos permitió que la gente nos siga conociendo», remarcó Alejandra.

«Nos juntamos en la cocina de la Helénica y allí preparamos todo. En cada encuentro recordamos nuestras raíces y celebramos que nuestros abuelos hayan podido formar sus familias aquí. Desde nuestra institución hay muchos proyectos que esperamos poder ir cristalizando. Tenemos en mente un ciclo de charlas sobre Grecia y recuperar el taller de danza griega», destacó.

El comunicado del Museo del Puerto

«Después de muchos meses volvió la cocina del museo. Y para poder hacerlo se transformó: sacamos las mesas con manteles de hule al patio, las Amigas de la Asociación cambiaron tazas de loza por vasitos térmicos (todo sea para seguir convidando chocolate) y la mesa con tortas no fue una, fueron cuatro, con propuestas de todo el mundo».

«Es que la cocina volvió también recordando el Día del Inmigrante, en articulación con la Dirección Nacional de Migraciones y dando el lugar central a la Asociación Sirio Argentina, la Sociedad Suiza, el Centro Cultural Argentino Peruano y la Asociación Helénica de Ing. White, sus recetas, bailes y canciones.Tal vez porque en sus experiencias y aprendizajes hay algo de vital importancia para seguir en este presente».

«Macela Jorge, hija de inmigrantes sirios que llegaron a Ing. White a principios de siglo, servía porciones de baklava, pero también lo hacía Milad Shaer, que llegó a Argentina hace muy poquito. En una porción de apfelkuchen suizo, en los movimientos del baile peruano “Festejo”, en una canción griega de amor cantada de improviso, hay historias profundas de tristeza, entusiasmo, ilusión, desilusión, resistencia».