Después de la inundación que golpeó profundamente a nuestro Teatro Ingeniero White, comenzó un largo camino de recuperación.
Hoy, cada pared que se repara, cada piso que se recupera, cada butaca que vuelve a su lugar y cada rincón que recupera su vida representan mucho más que una obra: representan esperanza.
Los trabajos avanzan. Se reconstruye, se pinta, se arregla, se recuperan espacios y se mejoran instalaciones. Poco a poco, aquel teatro que durante tantos años fue escenario de historias, encuentros, risas y emociones vuelve a recuperar su esencia.
Todavía falta, pero ya hay algo que nadie puede detener: las ganas de volver a abrir sus puertas y levantar nuevamente el telón.
Porque un teatro no son solamente paredes y butacas. Un teatro es su gente, sus recuerdos y los sueños que todavía están por venir.
El Teatro Ingeniero White sigue de pie. Y entre todos lo estamos haciendo volver a brillar.





