La bandera «Todos a planta permanente» estaba identificada con un gremio, el SUPA (Sindicato Unidos Portuarios Argentinos), que agrupa a los estibadores portuarios. Este gremio, dirigido por Juan CorvalÔn, mantiene un diferendo histórico por el encuadre gremial con el Sindicato de Guincheros, que encabeza Roberto Coria.
En lo que hace a reclamos gremiales de los trabajadores portuarios es la Fempinra (Federación MarĆtima, Portuaria y de la Industria Naval) la que dirige los planteos. Guincheros estĆ” dentro de la Fempinra. El SUPA no estĆ” en la Federación (salvo la seccional Delta), segĆŗn consta en el sitio de la Fempinra.
La brecha entre estibadores y guincheros se mantuvo «congelada» por años, lo que garantizó una «pax portuaria» que le aseguró al sistema portuario metropolitano superar una etapa oscura de sobresaltos que lo catalogó de «puerto sucio».
Nuevo ingrediente
El inminente vencimiento de las concesiones de las terminales de Puerto Nuevo no sólo provoca la inquietud de toda la comunidad laboral portuaria. Ahora, tiene un aditamento perjudicial para todos āincluso para quienes especulan, avezados en el arte polĆtico de ganar por la división de los opuestosā y es el renacimiento de una grieta que pone en riesgo la actividad y la imagen del puerto.
Sucede que los nuevos pliegos (o bien terminados, o bien en redacción, o bien en revisión, o bien presentados al ministro, o bien vueltos a revisar…) prometen asegurar la continuidad de todos los trabajadores bajo convenio: entre 1135 y 1143 son los empleados relevados entre los concesionarios, cifra que maneja la autoridad portuaria en reuniones con la Fempinra y el Ministerio de Trabajo.
Luego estĆ”n los tercerizados, en un nĆŗmero que va de los 470 a los 490 trabajadores. La intención oficial, para estos trabajadores, es evaluar caso por caso (enfoque que podrĆa haber motivado, en este momento, el pedido del SUPA) cómo encuadrarlos en los nuevos pliegos.
El SUPA habĆa realizado un pedido de audiencia a fines de febrero al Ministerio de Trabajo, junto con la AGP y las empresas de Puerto Nuevo. CorvalĆ”n entendió por trascendidos que los trabajadores tercerizados Ā«quedarĆan prĆ”cticamente fuera de sistemaĀ» en los nuevos pliegos.
Nuevo acuerdo
En una reunión realizada hoy, en el Ministerio de Trabajo, con autoridades de la AGP, la Fempinra y el SUPA, se acordó seguir en una «mesa de trabajo multidisciplinaria» mientras sigue «en curso» el proyecto del nuevo Puerto de Buenos Aires.
Y se acordó que Ā«en las negociaciones se tomarĆ” la totalidad de los trabajadores cualquiera fuera su vĆnculo laboral con las terminales, teniendo como base la registrada por las terminales hasta el 25/4/2017ā³.
Un paseo por las redes sociales evidencia una escalada de conflictos. Desde un principio, los trabajadores portuarios que allà se expresan llamaban a la «lucha» y a la «unidad de la familia portuaria».
Los mensajes que allĆ pueden verse van desde la apuesta por el diĆ”logo constructivo con las autoridades ādonde los trabajadores manifiestan Ā«no estar en contra de la modernizaciónĀ» sino Ā«preocupación por su futuro laboralĀ»ā hasta acusaciones polĆticas por la dilación en la toma de decisión.
Pero en las últimas horas, comenzaron a filtrarse mensajes «horizontales»: percutores de una grieta donde comienzan deslegitimarse los gremios entre sà y a los interlocutores.
Los riesgos de subestimar
La vocación de diÔlogo y apertura de la autoridad portuaria (y, desde hace unos meses, laboral también) tiene una flexibilidad paciente y laxa. Las bases no son de contemplar (y muchas veces no creen ni meritorio reconocer) esta predisposición del Gobierno por la esencia, justamente, «bÔsica» de su reclamo: definiciones ya. Las formas no les importa tanto como el contenido.
En el juego de una negociación como la que estĆ” en marcha, la apuesta laboral a tensionar el diĆ”logo (porque las autoridades son Ā«servidores pĆŗblicosĀ» que deben resolver el futuro) corre siempre el riesgo de subestimar el punto lĆmite.
El Gobierno demora (por razones que no publica de manera acabada) la definición. Puede suspender una reunión. Pero el diÔlogo no estÔ roto. No obstante, el Gobierno dejó en claro que presionar (por no usar el mÔs coloquial «apretar») no corre. Si las bases desbordan a la dirigencia gremial con este método, el hilo se corta.
Pero tambiĆ©n es como si el Gobierno fuera un semĆ”foro tildado en luz amarilla: no habilita necesariamente a cruzar a toda velocidad, pero tampoco puede pretender que se detenga el trĆ”fico. En este mismo juego, el Gobierno tambiĆ©n debe conocer el punto lĆmite de sus interlocutores.
La cantidad de trabajadores, en todas las terminales modernas del mundo, tiende a disminuir. El mensaje de Ā«anĆ”lisis caso por casoĀ» hace mĆ”s incierta la incertidumbre. La tendencia a la automatización carece de tintes demócratas en su instrumentación (para el propio capital sobre todo), con lo que, si bien Ā«vĆctimaĀ» no es un calificativo justo para la situación del trabajador portuario del sistema anterior, no menos injusto es tratarlos como una colateralidad que los tiene huĆ©rfanos totales de su destino.
ĀæDebe el Estado hacerse cargo de esta situación? Depende de quĆ© Estado estemos hablando. Seguro no uno que caiga en la insensibilidad de sugerirles emprender cervecerĆas artesanales.
¿Deben los actuales concesionarios asumir la responsabilidad? No mÔs allÔ de la que les exige el contrato.
¿Y los nuevos concesionarios? AsumirÔn su parte al leer los contratos.
ĀæY los sindicatos? Capacitarlos, actualizarlos, profesionalizarlos e instruirlos en habilidades superiores a las que venĆan desarrollando para que encuentren su lugar serĆa lo mĆ”s virtuoso. Motivar el Ā«emprendedorismoĀ» para aquellos trabajadores que puedan correr el riesgo de perder una relación de dependencia serĆa lo ideal: dotarlos de herramientas para transformarlos, por quĆ© no, en proveedores de la misma cadena que conocen y manejan.
En esto sà puede, o debe, ayudar el Estado. Dependiendo de qué Estado estemos hablando.
Fuente: Nuestromar





