Durante la segunda mitad de 2015 recibimos la visita de Centros de Jubilados de toda la ciudad. Cada jueves, vecinos de Cerri, Maldonado, Vista Alegre, Villa Serra, Grünbein, Loma Paraguaya, Puertas del Sur, Colón, Villa Cerrito, Villa Delfina, Villa MuƱiz, Don Bosco, Nuevo Horizonte, Abertano Quiroga… llegaron hasta White para recorrer y desayunar en el Museo del Puerto y Ferrowhite.
La iniciativa forma parte del programa āCaminos Culturalesā que organiza PAMI bajo la idea de que la salud de los mĆ”s grandes no solo tiene que ver con la atención mĆ©dica, que salir, por ejemplo, a disfrutar de la ciudad en la que se vive tambiĆ©n hace a una vida saludable.
Muchas de estas personas se acercaban el museo por primera vez. Y sin embargo, casi todo les resultaba familiar. Las bolsas de arpillera ātan parecidas a las que tenĆa que remendar cuando vivĆa en Copetonasā; el banco de estación āque se parece a ese en el que me sentĆ© cuando me puse de noviaā, o el puente La NiƱa, āese mismo que cruzaba para venir a pescar pejerreyes en la playita de la usinaā. De repente los visitantes sabĆan mĆ”s del museo que nosotros mismos, los recorridos se convertĆan en charlas y el guĆa dejaba por fin de parlotear para empezar a escuchar un poco.
Escuchar a Enrique y a su esposa MarĆa Iris, que aĆŗn conservan el acento chileno. Primero vino Ć©l. Trabajó en el valle del RĆo Negro y en el 57ā llegó a BahĆa Blanca. Tiempo despuĆ©s fue a buscar a su seƱora, estuvieron 5 aƱos acĆ” y retornaron a Chile. Pero se volvieron a venir.
O a Rosenda, que hace mucho partió a Jacobacci junto a un marido ferroviario. Volvió a principios de los 90, con tres hijas y otra en camino. āĆl vino a dejarmeā, cuenta. Entonces empezó a hacer panes y rosquitas que vendĆa casa por casa. Recorrió barrios y barrios en bicicleta. Hoy camina con bastón.
O a Teresa, que en los ā80 entró al Departamento de VĆas y Obras del ferrocarril. Parte de su trabajo consistĆa en hacer copias de planos con un producto sulfĆŗrico que habĆa que exponer al sol. āLa gente de YPF ya usaba fotocopiadora en ese entonces, pero en el ferrocarril noā. Ahora tiene EPOC, aunque nunca fumó.
Historias como estas se bajan, cada jueves, del colectivo, y antes de volver a subir, se sacan mil fotos, se toman un cafĆ© con leche, y por ahĆ, hasta terminan cantando, los brazos en alto, los dedos en V. Nosotros contentos de ser una posta en su camino.





