Hasta podrĂa decirse que los ciberespĂas actuales actĂşan en un anonimato más fácil de mantener. Los famosos espĂas que vemos actuar en las novelas de John Le CarrĂ© ambientadas durante los años de la guerra frĂa entre Estados Unidos y la UniĂłn SoviĂ©tica, arriesgaban años de cárcel e incluso la vida. Los de hoy, en cambio, actĂşan en la tranquilidad de sus guaridas. Eso sĂ, deben saber mucho, muchĂsimo, de programaciĂłn.
Deben ser hackers dedicados al delito. Porque un hacker no es necesariamente un delincuente. Es un experto en computación, con un nivel tan alto de conocimientos y habilidades que la programación no tiene secretos para él. Si usa esos conocimientos con fines legales no implica peligro. Pero si los usa para saltar las barreras de protección y acceder a información privada, entonces sà es un delincuente.
Los peligros provenientes de adversarios siguen creciendo en escala y sofisticaciĂłn.
Organizaciones públicas y privadas en varios sectores en todo el mundo reconocen abiertamente que los ciberataques son uno de los peligros más serios que deben afrontar en la actualidad.
Lidiar con esa amenaza es un desafĂo muy difĂcil. El foco actualmente está puesto en la protecciĂłn y cumplimiento porque las organizaciones, sujetas a regulaciĂłn legislativa y requisitos empresariales, demuestran que están manejando y protegiendo adecuadamente la informaciĂłn que sus clientes les confĂan.
Pero el panorama de seguridad está cambiando permanentemente. Tanto a las organizaciones pĂşblicas como a las privadas les resulta difĂcil creer que van a ser objeto de ataques cibernĂ©ticos. Esa mentalidad debe cambiar pues, como dice KPMG, El mejor ataque es una buena defensa. Pero a la vez, ya no es viable confiar solamente en la defensa. Un enemigo decidido va a lograr entrar de una manera u otra. Por lo tanto es absolutamente. En el corazĂłn de la prĂłxima generaciĂłn de la Seguridad Informática está la inteligencia y el conocimiento.
Ed Parsons, gerente de la práctica de ciberseguridad de KPMG, asegura que los gobiernos no tienen el monopolio del espionaje. Estamos asistiendo al surgimiento de grupos mercenarios que roban información y luego la venden, incluso a gobiernos.
Él explica que una de las razones por las cuales crece este tipo de espionaje es que es difĂcil encontrar la raĂz de la culpa. Los espĂas de hoy son difĂciles de rastrear y a los gobiernos o a otras instituciones les resulta muy fácil negar todo conocimiento del robo. Una buena manera de detectar a un espĂa online es seguir la informaciĂłn de origen, tambiĂ©n la hora del ataque, que podrĂa sugerir desde dĂłnde estaban operando y señales sobre el tipo de tablero usado y los caracteres usados. Pero tambiĂ©n eso se puede falsificar.
Los accidentes de alto perfil indican que es bastante comĂşn que los estados espĂen a las empresas. Los documentos dados a conocer por el ex contratista de la Agencia nacional de Seguridad. de Estados Unidos muestran que aparentemente las comunicaciones de Petrobras fueron interceptadas por la agencia de inteligencia. Simultáneamente Estados Unidos acusĂł al rĂ©gimen de Corea del Norte de un ataque a Sony Pictures.
Fuente: Mercado.





