Unos pocos minutos de sol pueden bastarle al cuerpo para fabricar vitamina D, aunque los especialistas advierten que el beneficio no requiere exposiciones prolongadas y que la radiación ultravioleta acumulada sin cuidado se asocia con daño en la piel y mayor riesgo de cáncer.
Cuánto tiempo hace falta, sin embargo, no es una pregunta con respuesta única. La producción de esta vitamina depende del tono de piel, la estación del año, la latitud y la intensidad de la radiación. Por eso, distintas instituciones médicas coinciden en ofrecer rangos orientativos, no prescripciones exactas, y en señalar que el margen necesario suele ser más breve de lo que muchas personas suponen.
La exposición al sol aparece con frecuencia en las conversaciones sobre bienestar como una práctica simple, casi automática. Sin embargo, el vínculo entre luz solar y vitamina D convive con una advertencia sostenida desde la dermatología: cuando la radiación se acumula sin cuidado, el efecto deja de ser beneficioso y se convierte en un factor de riesgo para la piel.
Esa tensión es la que mantiene viva la pregunta. Según el medio especializado Health, para la mayoría de las personas, entre 5 y 30 minutos de exposición en brazos y piernas, algunas veces por semana, pueden ser suficientes para favorecer la producción de la vitamina. La Cleveland Clinic, en su artículo “Cómo obtener vitamina D del sol de forma segura”, coincide en ese umbral y agrega que una exposición más prolongada no se traduce en un beneficio proporcional y sí puede incrementar el daño acumulado en la piel.
La producción de vitamina D varía según la piel, la estación y el lugar

El cuerpo fabrica vitamina D cuando la luz solar —específicamente los rayos ultravioleta B— entra en contacto con la piel y desencadena una reacción química en sus capas superficiales. Ese proceso, sin embargo, no opera igual en todas las personas ni en todos los contextos.
La cobertura de Health recoge una idea compartida por varios dermatólogos: el cuerpo puede producir cantidades adecuadas de vitamina D con una exposición relativamente breve y no hace falta pasar horas al sol para alcanzar niveles convenientes. Joshua Zeichner, dermatólogo del Hospital Mount Sinai de Nueva York, afirmó en declaraciones a ese medio que no es necesario exponerse durante períodos largos para obtener lo suficiente.
Hope Mitchell, dermatóloga certificada de Ohio, explicó que no existe una cantidad de sol aplicable a toda la población por igual. La diferencia se explica por factores biológicos y ambientales. Las personas con piel más oscura tienen mayor cantidad de melanina —el pigmento que le da color a la piel y que actúa como barrera frente a la radiación—, lo que puede reducir la velocidad con que el cuerpo produce vitamina D ante la misma cantidad de luz.
A esa variable se suman otras, como la época del año, la latitud y el horario de exposición. Una misma cantidad de minutos al aire libre no tiene el mismo efecto en invierno que en verano, ni en zonas con distinta intensidad solar. Por eso, el rango que menciona Health funciona como orientación amplia y no como una indicación cerrada.
Una revisión académica publicada en la base de datos PMC también menciona exposiciones de 5 a 30 minutos al rostro, brazos, manos o piernas al menos dos veces por semana como referencia general para obtener cantidades adecuadas, aunque subraya que esos cálculos siempre están condicionados por factores individuales y por el riesgo asociado a la radiación ultravioleta.
El protector solar no cancela la producción de la vitamina

Una de las ideas más extendidas es que usar protector solar impide que el cuerpo produzca vitamina D. La evidencia disponible matiza esa creencia. Según publicó la Cleveland Clinic, el protector reduce la cantidad de radiación que llega a la piel, pero no anula por completo la posibilidad de producción. Charles Garven, médico de familia citado por esa institución, señaló que protegerse no equivale a resignar ese beneficio.
Health coincide en ese punto: según los trabajos citados en esa cobertura, el uso de protector puede disminuir levemente la producción de la vitamina, pero no eliminarla. Esa precisión resulta relevante porque desmiente una creencia arraigada: que para obtener vitamina D sería necesario exponerse al sol sin ninguna barrera de protección.
La postura más estricta sobre este punto pertenece a la Academia Estadounidense de Dermatología. Según indicó esa entidad en su declaración institucional “American Academy of Dermatology Issues Updated Position Statement on Vitamin D”, no existe un umbral de exposición a radiación ultravioleta validado científicamente como completamente seguro para maximizar la producción de vitamina D sin aumentar el riesgo de cáncer de piel. Por eso, la organización recomienda obtenerla a través de la alimentación, alimentos enriquecidos o suplementos, en lugar de buscar deliberadamente exposición solar sin protección. Esa recomendación no contradice los rangos orientativos de Health o la Cleveland Clinic, sino que establece un piso de cautela para quienes podrían interpretar esos rangos como un permiso para exponerse sin cuidado.
Fuente: Infobae



