Eso fue lo que se vivió en el auditorio de la Cooperativa Obrera, ubicado en Zelarrayán 560. El espacio quedó chico para cobijar la emoción de una comunidad que se dio cita con un propósito urgente y noble: acompañar al maestro Agustín Neifert en la presentación oficial de su obra cumbre, Periodismo y periodistas en el cine argentino.
Bajo el amparo del ciclo «Bahía Blanca no olvida», el encuentro no solo fue el anuncio de un nuevo libro, sino un verdadero triunfo de la memoria histórica.
La atmósfera del auditorio se cargó de una sensibilidad especial desde el primer minuto. Con entrada libre y gratuita, vecinos, estudiantes de comunicación, realizadores locales, historiadores y viejos lectores de las columnas críticas de Neifert colmaron las butacas, extendiéndose hacia los pasillos.
En el aire flotaba la certeza de estar asistiendo a un hito cultural. La premisa borgeana que el autor eligió como bandera para esta obra, «La verdadera muerte es el olvido», se convirtió en el hilo conductor de una velada donde se celebró el arte de contar historias y se rindió un justo tributo a los trabajadores de la pluma y la pantalla.
Una trilogía que rescata nuestra identidad
La obra presentada, editada con un cuidado artesanal y un profundo compromiso por la Editorial Tizón de la mano de Pablo José Rey, es el resultado de años de una investigación silenciosa, paciente y apasionada.
Neifert, con la rigurosidad que lo caracteriza, estructuró este trabajo en una trilogía fundamental que viaja en el tiempo para rescatar del archivo del olvido las huellas de aquellos periodistas —tanto reales como de ficción— que con sus luces y sombras poblaron las pantallas del cine nacional.
Durante el evento, se desglosó el valor de cada uno de los volúmenes que componen este mapa de la memoria colectiva:
-Volumen I (1896-1955): Un viaje hacia la «prehistoria» del pensamiento y los ideales nacionales. Este tomo hilvana con maestría el espíritu fundacional de figuras como Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juana Manso, antes de sumergirse de lleno en los primeros e históricos fotogramas del cine argentino.
-Volumen II (1955-1966): Un recorrido por el filo de los años más turbulentos de nuestra historia media. Aquí se analiza de qué manera el periodismo cinematográfico y las revistas especializadas de la época resistieron y mantuvieron su voz en medio de un contexto asfixiado por censuras y constantes golpes de Estado.
-Volumen III («Los años de plomo», 1966-1983): El cierre crudo y necesario de la trilogía. Este volumen se adentra en el período más oscuro de la historia contemporánea argentina. Funciona como un homenaje implícito a la resistencia cultural, al cineclubismo como refugio democrático y al periodismo gráfico que buscó denodadamente la luz en medio de la penumbra, concluyendo su arco el día en que la democracia volvió para quedarse de forma definitiva.
Un aspecto sumamente emotivo de la noche fue el reconocimiento de Neifert hacia quienes lo ayudaron a sostener esta antorcha de investigación.
El autor no trabajó en soledad, y dejó plasmado su eterno agradecimiento a sus «colegas amigos»: Jorge Marchini, José Valle, Julio César Uyúa, Daniel Paraná Sendrós y Pablo De Vita, nombres clave que colaboraron en la edificación de este faro cultural.
Un fogón de ideas, afecto y el compás del tango
La presentación estuvo lejos de las estructuras rígidas e institucionales. Se transformó, en cambio, en un cálido fogón de ideas y recuerdos compartidos. En la mesa de diálogo, Agustín Neifert estuvo rodeado por el afecto y la lucidez de dos grandes gestores de la cultura y las letras bahienses: Pablo Rey y José Valle.
Juntos, desgranaron con fluidez la profunda conexión que existe entre la construcción de la identidad nacional, la evolución del cine de masas y el rol social indiscutible que desempeñan los medios de comunicación. Las anécdotas, el análisis histórico y las reflexiones sobre el presente de la comunicación mantuvieron al público en un respetuoso y conmovido silencio.
Pero en estas tierras del sur, ninguna emoción está completa si no interviene el compás rioplatense. El broche de oro de la noche tuvo un inconfundible perfume de tango. La querida cantante Gaby, reconocida unánimemente como «La voz sensual del tango», subió al escenario para engalanar la velada.
Acompañada por el lamento y la magia del bandoneón, su interpretación —cargada de nostalgia, fuerza y un profundo sentido de pertenencia— se convirtió en el lazo perfecto para unir la literatura cinematográfica con el latido eterno del sentimiento tanguero.
El aplauso cerrado del auditorio de la Cooperativa Obrera de pie fue el testimonio de un impacto emocional directo al corazón de los presentes.
El legado de un maestro que nos enseñó a mirar
Ver a Agustín Neifert recibir el cariño de su ciudad al presentar esta trilogía fue presenciar el acto de amor de un hombre que dedicó su vida entera a enseñarnos a mirar detrás de la pantalla. Egresado de la legendaria Escuela de Cine de la Universidad Nacional del Litoral, su firma en las páginas del diario La Nueva Provincia entre 1980 y 2013 formó y educó la mirada de generaciones enteras de espectadores bahienses.
Socio fundador del Centro de Estudios de Cine local y declarado con absoluta justicia como “Personalidad destacada de Bahía Blanca”, Neifert volvió a demostrar que los verdaderos creadores no permiten que las historias de su pueblo desaparezcan en la nada.
Con más de quince libros editados en su haber, este nuevo legado es un puente sólido tendido hacia las futuras generaciones. Es una garantía de que quienes nos precedieron en el difícil arte de la prensa escrita y el celuloide sigan vivos, latiendo con fuerza, cada vez que un lector abra las páginas de este libro. Bahía Blanca se dispuso a recordar, y de la mano de Agustín Neifert, cumplió con creces su promesa.





