Cada 7 de agosto se celebra a San Cayetano, patrono del pan, el trabajo y la providencia. A este santo, se lo venera y se lo recuerda especialmente por su ayuda a los pobres.
Conocido como el protector del empleo y el alimento que llega cada día a la mesa, una frase resume su ideal y dedicación a quienes más necesitan: «No estaré satisfecho sino hasta que vea a los cristianos acercarse al Banquete Celestial con sencillez de niños hambrientos y gozosos y no llenos de miedo y falsa vergüenza”.
Es por esto que, en su día y en su honor, son muchos los fieles y devotos que se acercan a templos y santuarios para pedir su intercesión.
La fecha de celebración, el 7 de agosto, coincide con el día del fallecimiento de San Cayetano, en 1547. En un principio, la festividad en su honor comenzó a celebrarse en Italia y luego se extendió a otros lugares del mundo en los que la Iglesia Católica tiene presencia. Pero conozcamos un poco más su historia.
San Cayetano de Thiene nació en Vicenza en 1480, era hijo del conde Gaspar de Thiene y de María di Porto, quien pertenecía a otra noble familia de la ciudad.
Cuando tenía dos años, perdió a su padre. Desde entonces, él y sus dos hermanos quedaron al cuidado de su madre. Cayetano estudió en la Universidad de Padua, donde obtuvo los doctorados en derecho civil y canónico.
Fundó la orden religiosa de los Teatinos, cuyos miembros se dedicaban a trabajar con los pobres y a predicar la palabra de Dios. Su devoción y amor por los necesitados lo han convertido en un ejemplo de generosidad y compasión.
En este sentido, dedicó gran parte de su vida a servir a los menos afortunados y a promover la caridad y la asistencia mutua entre las personas.




