MÔs bien como la primera manifestación de una mala prÔctica como el tema de los intereses aplicados por la actividad bancaria en su momento. Ahora parece que esa sospecha comienza a tomar cuerpo.
Esta vez fue el turno de Misubishi, la firma japonesa que acaba de admitir que colocaba dispositivos en los neumĆ”ticos para dar falsa información sobre el consumo de combustible de sus vehĆculos, que era mayor al que se suponĆa. Por eso no sorprendió que las autoridades francesas practicaran inspecciones en las plantas de Peugeot y de Ciroen. La alemana Mercedes Benz tambiĆ©n estĆ” bajo la atenta mirada de los reguladores de ese paĆs.
El escĆ”ndalo le ha costado a Volskswagen US$ 18.200 millones durante el aƱo pasado. En momentos en que todos los paĆses acordaron hacer esfuerzos para reducir las emisiones de carbono en la atmósfera, los conductores de estos autos -totalmente inocentes ? ayudaban a contaminar mĆ”s la atmósfera. Una verdadera paradoja si se repara en el acuerdo global firmado en ParĆs en diciembre pasado para bajar el nivel de contaminación, justo cuando la estadĆstica demuestra que estamos en tiempos mĆ”s calurosos que los registros históricos que se llevan desde 1.880.
La reacción de los consumidores puede ser enérgica y punitiva. Es un mal momento para jugar con la reputación de las grandes marcas.




