Hoy se cumplen exactamente 30 años de aquel 27 de junio de 1996 en que nos dejó Roberto Achával. El almanaque corre, pero la memoria insiste en rescatar a quienes le dieron identidad a nuestra cultura. Sin ningún lugar a dudas, Achával es un cantor fundamental en la historia del tango y, para quienes llevamos el sur en la sangre, el más notorio e importante de los bahienses.
Lo conocí allá por el año 1990. Me lo presentó ese cantorazo que fue el querido «gordo» Jorge Valdez en la mizzería Kentucky, en la mítica esquina de Godoy Cruz y Santa Fe, en pleno corazón de Palermo.
Desde ese primer café, Achával me resultó un tipo simpático, bonachón y portador de una elegancia natural. Después la noche porteña se encargó de cruzar nuestros caminos en muchas oportunidades: compartimos charlas en la casa de Juanca Tavera y en el living de Pascual Tudino, recordado guionista de Grandes valores del tango y autor de ese tangazo titulado «Y me hice viejo».
La estampa de Achával era innegable; el mismísimo flaco Alberto Morán me dijo textualmente en una oportunidad, refiriéndose a él: «Es un gran cantor… y tiene casi mi misma pinta»
Como versa el éxito que interpretara para la cortina de la icónica telenovela Malevo: «Nació en un barrio con malvón y luna por donde el hambre suele hacer gambetas y desde pibe fue poniendo el hombro…». Oscar Aníbal Crudeli vio la luz por primera vez en Ingeniero White, partido de Bahía Blanca, el 11 de noviembre de 1930.
En aquella casa de la calle José Sisco 3350, sus padres, Alejandro Crudeli y Josefa Scalesi, cobijaron las dos grandes aficiones de su infancia: darle a la de cuero y la música.
Tras cursar sus estudios en la Escuela N° 13 de la localidad portuaria y el secundario en el Comercial de Bahía Blanca, su formación musical formal despegó. Estudió violín con su tío Alibeo Crudeli y bandoneón con Luis Bonnat, Aníbal Vitali y Antonio Ríos. En el plano afectivo, edificó su vida junto a su novia de toda la vida, «la negra» Juana Dodero, con quien tuvo a sus dos hijos, Mirta y Leonel.
Su camino profesional comenzó como violinista en las orquestas de Aníbal Troncoso y de «Palito» Bonnat, un magnífico bandoneonista de paso previo por las agrupaciones de Maderna, Goñi, Pugliese, Mores y Gobbi.
El destino, caprichoso y sabio, hizo que debutara como cantor de forma casual en la orquesta de Bonnat ante la ausencia de un vocalista. Allí nació el intérprete. Primero bajo los seudónimos de Carlos Millán y Alberto Randal, inició una sólida carrera que encontraría su primer gran espaldarazo en 1967, al obtener el segundo puesto como solista en el Festival de Tango de La Falda, Córdoba.
El salto definitivo llegó con el concurso de Grandes valores del tango por Canal 9. Contratado como artista exclusivo del canal, adoptó definitivamente el nombre de Roberto Achával.
Su magnífica interpretación de «Te llaman Malevo» (música de Aníbal Troilo y letra de Homero Expósito), acompañado por la orquesta de Santos Lipesker, musicalizó la novela Malevo en 1972.
Aquella tira de Abel Santa Cruz paralizaba al país durante tres temporadas gracias al romance central de Rodolfo Bebán y Gabriela Gilli, rodeados por un elenco inolvidable que incluía a Nora Massi, Oscar Ferrigno, Rolando Chaves, Rey Charol, Ignacio Quirós, Germán Krauss, Romualdo Quiroga, Beatriz Díaz Quiroga y Francisco Cocuzza como el recordado boxeador Carrara.
A partir de allí, Achával caminó con paso firme por los principales reductos tangueros de la época: El Viejo Almacén, Caño 14, El Bulín de la Calle Ayacucho, Malena al Sur y Taconeando, además de llevar nuestra música en giras por Estados Unidos, Brasil, Colombia, Venezuela, Chile y Uruguay. Prestó su voz a las orquestas de Osvaldo Piro y Omar Valente, y cantó con Ernesto Baffa, Osvaldo Berlingieri, Osvaldo Tarantino, Roberto Pansera, el pianista uruguayo Jesús Francisco «Panchito» Nolé y el mismísimo Lucio Demare en su tanguería de San Telmo.
Sin embargo, su medalla histórica más alta fue haber sido el último cantor de la orquesta de Aníbal Troilo. Achával cantó junto a él la noche del 17 de mayo de 1975 en el Teatro Odeón, apenas unas horas antes de que el «Bandoneón Mayor de Buenos Aires» entrara en la inmortalidad.
Achával nos dejó joyas grabadas que hoy son de escucha obligatoria: su milonga «Así fui yo» de Alberto Mastra; sus versiones de «Desencuentro», «Barrio de tango» y «A Homero» junto a Osvaldo Piro; «Nobleza de arrabal» con el cuarteto de Ernesto Baffa; «Cosas olvidadas» con Omar Valente; y aquella pieza de Sandro y Oscar Anderle, «Fácil de Olvidar», grabada junto a la orquesta de Canal 9 dirigida por Osvaldo Tarantino.
Las vueltas de la vida y el amor por nuestra identidad me permitieron fundar, hace ya diecisiete años, el Ciclo Cultural Bahía No Olvida.
A través de esta iniciativa cultural logramos saldar una deuda histórica: repatriar los restos del cantor a 17 años de su fallecimiento. Desde el 11 de noviembre de 2013, «Cacho» descansa finalmente en su amada tierra bahiense. Poco antes, en 2012, junto a Gabriela Biondo (Gaby, “la voz sensual del tango»), dejamos plasmada su vida en las páginas del libro Roberto Achával, el último cantor de Pichuco.
A tres décadas de su partida física, su voz no se apaga. Cada vez que suena un tango con su estampa, Roberto Achával vuelve a demostrar que el barrio, el malvón y la luna le pertenecen para siempre.





