Con el respaldo de Sergio «Maravilla» Martínez en el prólogo, la obra condensa más de cuatro décadas de pasiones y vivencias al borde del ring. En una charla íntima y profunda con José Valle, la histórica voz de Combate Space y Boxeo de Primera viaja a su infancia para revivir los relatos con muñecos sobre la alfombra, rinde homenaje a sus grandes maestros y explica cómo el boxeo se transformó en el eje de su vida.
-José Valle: Contale a la gente cómo arranca tu pasión por el periodismo deportivo.
-Marcelo González: Arranca ya desde muy pequeño, cuando armaba canchas de fútbol en las alfombras de mi habitación. ¡Un día le hice la demarcación de la cancha con plasticola a mi mamá y me quería matar! Como la plasticola se seca, la alfombra quedó marcada por varios años. Ponía arcos con las redecillas del pelo de mi vieja sobre unas sillitas, jugaba con tres muñecos por lado y relataba los partidos. También daba vuelta la mesita de luz, le ponía unas bandas elásticas como sogas y hacía pelear a los muñecos, relatando las peleas de boxeo. Desde que tengo uso de la memoria tenía claro que iba a ser periodista deportivo. Pero el boxeo se metió en mi sangre, en mi alma y en mi corazón por Carlos Monzón.
-JV: Claro, Monzón fue el héroe de carne y hueso que tuviste vos y muchísimos argentinos porque ganaba siempre. Daba previsibilidad de triunfo.
-MG: Exacto. En la época del campeón del mundo, del 70 al 77, yo pasé por mi infancia. Monzón se consagró cuando yo tenía 5 años y se retiró cuando tenía 12. Así que fíjate: yo, que consumía cómics de superhéroes como Batman, Superman o la Liga de la Justicia, tenía a Monzón como un héroe real. Cuando entré al Círculo de Periodistas Deportivos aún estaba indeciso sobre qué deporte seguir, porque me fascina el fútbol. Pero me quedé con el boxeo un poco por rebeldía, porque sentía que mis compañeros tenían una pelota de fútbol en vez de un cerebro (risas).
-JV: El destino te cruzó rápido con el boxeo grande en tus años de estudiante…
-MG: Estudiando en el Círculo, en Rodríguez Peña 628, me encontré con que enfrente, en el 661, estaba la oficina de Santos Nicolini. Me metí y «Santito», que se fue hace poco y era un gran tipo, me abrió las puertas generosamente. Me ofreció laburo en el boxeo siendo yo solo un adolescente. Las primeras cosas que hice en el exterior fueron de la mano de él. Se fue mucha gente querida en este último tiempo.
-JV: Un tipo sumamente generoso, sin dudas. ¿Andabas buscando material de boxeo cuando lo cruzaste?
-MG: Mi viejo no tenía nada que ver con el boxeo, pero cuando yo era chico me explicaba las cosas. Yo creía que Monzón era el único campeón del mundo, entonces cuando en mi casa veían a Víctor Galíndez o a Muhammad Ali y los periodistas decían «el campeón del mundo», yo me enojaba. Mi viejo me explicó la división de pesos y categorías, y ahí me empecé a interesar y a investigar. Comencé a leer y a comprar la revista The Ring en Español. Un día publicitaron el libro Ring Record Book y yo no sabía cómo conseguirlo, hasta que mi profesor de educación física de la secundaria, que entrenaba boxeadores, me dijo que lo vendía Santos Nicolini y me pasó el dato de su programa de radio.
-JV: ¿Y cómo fue ese primer encuentro cara a cara con Santos?
-MG: Lo escuché una noche decir que iba a estar la semana siguiente en Morón viendo debutar como profesional a José Palmero, el medio hermano de Víctor Galíndez. Me fui con mi viejo hasta la cancha de Morón. El ring se montó sobre un córner, me acuerdo. Lo encaré a Santos y le dije: «Quiero comprar el libro de The Ring que usted dijo que vendía». Me citó a la oficina, fui y ahí nomás me ofreció laburo. Le pedí que me esperara a que terminara la secundaria y él me sugirió entrar al Círculo de Periodistas Deportivos. Me mostró todo el camino con una generosidad que no vi en nadie más, te lo juro. Con 17 años ya me encarrilé de su mano.
-JV: Seguramente el ciclo que más recuerda la gente de tu larga trayectoria en los medios es Combate Space.
-MG: Sí, por supuesto. Pero yo siempre digo en las presentaciones y en cada nota que, a pesar de haber trascendido en Combate Space por estar 26 años en ese canal, y de ir ahora para una década en Boxeo de Primera por TyC Sports, yo soy un periodista de extracción gráfica. Empecé con Santitos en la radio y en la revista Cuadrilátero. Al poco tiempo, Alfredo Behrens me propuso entrar a la agencia Télam. Entré en octubre de 1983 y estuve hasta el año 2000. Me pasé gran parte de mi vida escribiendo, más que poniendo la cara o agarrando un micrófono. El medio audiovisual me hizo trascender y superó al escrito, pero Combate Space fue tremendamente importante porque arrancamos en el 91 en el Cono Sur y luego se hizo panregional, de México a Ushuaia. «Escribir este libro es una deuda que tenía conmigo mismo desde que comencé y que pagué 43 años después».
-JV: ¿En qué momento de tu vida decís «quiero dejar algo escrito» y cómo aparece finalmente «reKOrdando: 12 rounds al corazón»?
-MG: Siempre tenía la idea dando vueltas, pero por ocupaciones o tal vez por vago no me sentaba al teclado. Carlitos Irusta tuvo una parte importante en mi decisión; él me invitó muchas veces a escribir en su revista Ring Side. En 2016, cuando murió el ex campeón mundial Bobby Chacón, me pidió la necrológica. Conté una historia dramática: su mujer se había suicidado horas antes de que él subiera a pelear; él subió igual y ganó. Esa historia la publiqué en la revista, luego la subí a redes sumándole datos y una verba más literaria. Después escribí otra sobre mi esposa, Analía Maradona, que es referí de boxeo. A ella se le murió el papá un día antes de debutar como referí profesional; debutó a la semana siguiente y pasó algo mágico que está contado en el libro.
-JV: Te fuiste entusiasmando con esas historias…
-MG: Exacto, fui armando una antología con historias que me conmovieron. Sumé el retiro de Bernard Hopkins o una profecía que hizo «Maravilla» Martínez cuando se bajó vapuleado tras perder su invicto con Antonio Margarito. Derrotado y todo, tiró una profecía en los micrófonos de Space diciendo que iba a volver a Las Vegas como campeón. Nadie le creyó, pero yo me acordé y la escribí años más tarde, cuando le ganó a Chávez Jr. en esa memorable pelea 12 años después. Incluso me animé a escribir un cuento de un boxeador creado por Inteligencia Artificial, que es un delirio… o no tanto. Así se fue gestando. Es una deuda que tenía conmigo mismo desde que comencé y que pagué 43 años después.
-JV: ¿Dónde lo puede comprar la gente al libro?
-MG: Mirá, la parte que me correspondía a mí y que me dio la editorial ya se me acabó, aunque estamos gestionando que me den más. En unos días voy a tener stock para vender directamente. Mientras tanto, la gente me puede escribir a mi Instagram o Twitter (@marcegon318) o comprarlo de forma online en la página oficial de Ediciones Al Arco.





