Cumpliendo un sueño máximo en su vida y logrando acceder a una de las personalidades más destacadas de la historia del rock nacional, el whitense Rodrigo Souza le fabricó una guitarra personal a Ricardo Mollo, su ídolo e ícono de Sumo y Divididos.
La historia de Rodrigo nació desde muy chiquito, como autodidacta apasionado de la música y dedicado, con el tiempo, a ser luthier.
Al mismo tiempo, la pesca se convirtió en una forma de ayudar a su familia y un trabajo para mantener su vida.
En el medio de esos viejas interminables en el mar, puso manos a la obra con la fabricación de guitarras logrando, después de 30 años, cumplir su sueño de obsequiarle una a Ricardo Mollo, su ídolo musical.





