HabĆa un duende que solĆa relatarnos cuentos que eran retazos de la vida real. Una especie de computadora humana que, como un caleidoscopio humano, una memoria cibernĆ©tica, nos solĆa pasear por nuestro glorioso territorio ferroviario. De sus recuerdos, se avivaron latencias que creĆamos perdidas. Pedro Caballero ya no estĆ”. Pero afortunadamente, en los Ćŗltimos aƱos su verba memoriosa tuvo oĆdos atentos y previsión diligente para registrarla, tanto en el blog de FerroWhite y como en el Archivo Caballero.
De ambos sitios, con la amable autorización de NicolÔs Testoni, director del museo como de Ana Miravalles, hemos obtenido lo vertido a continuación, que tiene citas casi textuales de sus originales.
Esta serĆ” una primera parte referida a los ferrocarriles argentinos.
EL (LOS) DĆA(S) DEL FERROVIARIO
āEn Argentina no hay un DĆa del Ferroviario sino dosā. AsĆ lo dice una nota del blog de FerroWhite, que reflejan dos momentos relevantes dentro de la historia ferroviaria. El 1Āŗ de marzo de 1948 (se recuerda que) el primer gobierno peronista tomaba posesión de los ferrocarriles de capital britĆ”nico, adquiridos en 150 millones de Libras Esterlinas. De allĆ que para muchos el DĆa de la Nacionalización represente, ademĆ”s, el DĆa de los Trabajadores Ferroviarios.(1).
(Y el 29 de agosto de 1857) (ā¦), una locomotora utilizada en la guerra de Crimea y bautizada con el nombre āLa PorteƱaā, cumplió el primer viaje ferroviario de Argentina, uniendo la Estación Parque (donde hoy estĆ” el Teatro Colón) con la Estación Floresta, 10 kilómetros al oeste de Buenos Aires. (2)
LOS FERROCARRILES āYA SON ARGENTINOSā
FerroWhite, publicó una serie de imĆ”genes que se iniciaba con la precedente y continuaba con la presencia de personas allegadas al museo , aferrando como propia una locomotora. Cuando Eva Duarte el 1° dde marzo de 1948, en la estación Retiro, āsin la compaƱĆa de Perón -el General estĆ” internado, a punto de ser operado por una apendicitis-, anuncia ante una multitud la compra por parte del Estado de los ferrocarriles de propiedad inglesā Recorrió, en āSucesos Argentinosā, el eco de toda la geografĆa del paĆs, cuando la voz de Carlos DĀ“Agostino reverberó, clamando āLos ferrocarriles son nuestrosā (3)
Don AndrĆ©s CortĆ©s trabajó como catango, cambista y al final de su carrera inspector, siempre en la playa de maniobras que queda ahĆ nomĆ”s del museo, justo abajo del puente sobre el que nuestro vecino se planta y posa para nosotros. Mientras sostiene la locomotora de latón, AndrĆ©s se interesa por la imagen que sirve de referencia para su retrato. āPerón cumple. Ya son Argentinos!ā se lee en la fotocopia que le alcanzamos. 64 aƱos despuĆ©s de aquel 1° de marzo, y como si la cuestión trascendiera la mera nacionalidad de los actuales concesionarios de las vĆas y los trenes. AndrĆ©s CortĆ©s, ferroviario, se pregunta: āĀæY no serĆ” hora de que vuelvan a serlo?ā (4)
LOS FERROCARRILES āYA SON ARGENTINOSā – USINA DEL FERROCARRIL
El 1° de marzo de 1948, en la usina del Ferrocarril Sud, cuyo edificio se ve no bien se ingresa al Puente La Niña, celebró el personal del Departamento Eléctrico, la nacionalización de los ferrocarriles y quedó como testimonio estÔ foto de ese acontecimiento, que acercó a Ferro White, Osvaldo Danei, participante del acontecimiento ya que era auxiliar administrativo, desde 1946.(05)
EN WHITE HAY CIENTOS DE MUSEOS FERROVIARIOS
Esta nota la transcribimos textualmente, a efectos de no correr el riesgo de perder el encanto del relato de ese grupo de viejos ferroviarios que dieron todo de sĆ, para dejar reflejadas partes de la vida ferroviaria whitense, es decir su propia vida.
Durante los ensayos de Ā«Nadie se despide en WhiteĀ», Osvaldo Ceci, Mario Mendiondo, Pietro Morelli y Pedro Caballero se refieren al ferrocarril como a una āfamiliaā. Hay algo que llama la atención en el uso repetido de esa expresión, algo que tal vez tenga que ver con la manera de estos ferroviarios de ānegociar y articular la relación con el pasadoā a la que alude Marcelo citando a Huyssen.
Durante los ensayos de Ā«Nadie se despide en WhiteĀ», Osvaldo Ceci, Mario Mendiondo, Pietro Morelli y Pedro Caballero se refieren al ferrocarril como a una āfamiliaā. Hay algo que llama la atención en el uso repetido de esa expresión, algo que tal vez tenga que ver con la manera de estos ferroviarios de ānegociar y articular la relación con el pasadoā a la que alude Marcelo citando a Huyssen.
La imagen de la Ā«familia ferroviariaĀ» evoca el vĆnculo de solidaridad que unĆa a estos hombres en el trabajo pero tambiĆ©n las disputas gestadas a lo largo de una historia difĆcil. Si en Ingeniero White Ā«hay cientos de museos de historia ferroviariaĀ», existen, por otra parte, tantos ferroviarios como versiones, en muchos casos irreconciliables, de esa historia. Al escucharlos, uno empieza a sospechar que en el pasado ferroviario los paraĆsos perdidos no existen. Hubo, sin duda, Ć©pocas mejores, pero ninguna al margen de complejos conflictos que apenas si empezamos a entender. Luchas que enfrentaron a los obreros del riel con los Ā«capitalistasĀ» o con el Estado patrón, pero tambiĆ©n, y esto es mĆ”s difĆcil de poner sobre la mesa, a los propios trabajadores entre sĆ. La privatización, tal como se ejecutó en la dĆ©cada del noventa, no cayó del cielo, no tuvo solo que ver con cuestiones macroeconómicas o con decisiones tomadas en las Ā«altas esferas de la polĆticaĀ». Sin igualar responsabilidades, algo pasó adentro de la familia ferroviaria para que las cosas terminaran resultando de ese modo.
Dicho esto, si los sobrevivientes de esta estirpe no se conforman sólo con lo que tienen para contar, si se las arreglan, ademĆ”s, para improvisar archivos y museos en roperos y galpones, quizĆ”s sea porque, a pesar de los desacuerdos, la mayorĆa de ellos comparte la percepción nĆtida de que lo que sigue a la privatización y al desguace puede es un acto final de aniquilación histórica de la que no sólo ellos, si no todos, somos vĆctimas. Eso, ademĆ”s de las ganas de pasarla bien, los junta en este lugar.(6).
EL MUSEO COMO LAS VIEJAS LOCOMOTORAS DE VAPOR, TAMBIEN TIENE SU CALDERA
El museo, como las viejas locomotoras a vapor, tambiĆ©n tiene su caldera: son las experiencias, las anĆ©cdotas, los sueƱos de cada ferroviario que nos cuenta su historia: las herramientas, las zorras, el camioncito de los bomberos, los muebles, el miriƱaque, las fotos, todas las cosas que estĆ”n en exhibición se movilizan y nos movilizan cada vez que hacemos una entrevista: maquinistas y conductores, empleados administrativos, telegrafistas, pagadores, catangos; y jefes y obreros del Galpón de locomotoras de White, y de los talleres BahĆa Blanca al Noroeste, Maldonado y Spurr (mecĆ”nicos, ajustadores, herreros, fundidores, carpinteros, caldereros, estoperos, cambistas, guincheros, etc.) no solamente nos han contado sus experiencias, sino que tambiĆ©n nos han mostrado sus fotos, sus carnets, sus manuales y algunos, hasta maquetas armadas en el galponcito de atrĆ”s de la casa. Por eso, el movimiento es de ida y tambiĆ©n de vuelta, justamente por la posibilidad de volver a pensar en su propia vida, en la infancia, en los aƱos de trabajo (pasados o actuales), en los compaƱeros, en los jefes, y por el hecho de contarle todas esas cosas a una persona extraƱa, a la espera de escuchar y ver.
Ya lo hemos leĆdo alguna vez por ahĆ: lo que encauza un relato no es la voz del que habla, sino el oĆdo del que escucha: es esa expectativa la que da el impulso, tanto a los ferroviarios como a quienes trabajamos en el museo, a la gente que nos visita los fines de semana, a los profesores y los chicos de las escuelas que nos visitan durante el aƱo, y a ustedes que estĆ”n leyendo esto. (7).
LOCOMOTORA PARA ARMAR
Guerreiro, Farinacio (jefe del taller Maldonado), MartĆnez, Peralta y Caballero
en Ʃxtasis contemplativo
AquĆ lo tienen, reciĆ©n bajado de la camioneta, el corazón de una locomotora diesel. Un conjunto motor (pistones, camisa, cilĆndro y culata) de una General Motors GT 22, preparado especialmente por el personal de los talleres Maldonado para ser exhibido en el museo. Ahora nada mĆ”s faltan el generador, los motores de tracción, las ruedas, la cabina… (8)
EL TALLER EN EL TALLER
En la foto: a la izquierda, Roberto PeƱacorada, jefe de Producción, a la derecha, Mario De Simón, jefe de los Talleres BahĆa Blanca Noroeste entre 1981 y 1993.
Ellos vinieron hace unos dĆas al museo y estuvimos hablando extensamente sobre diferentes aspectos del funcionamiento de los talleres ferroviarios hasta que se produjo la privatización y, en el caso de Talleres BBNO, el vaciamiento y el desguace: los mĆŗltiples oficios del taller, los cabecillas y capataces, peones y aprendices, oficiales y administrativos, los comedores, la playa donde se arreglaban los vagones, los galpones, los tornos polacos, las huelgas de 1958 y 1961, los vagones Ā«todo puertasĀ», los vagones tolva, los vagones para el cemento, las ofertas de espaƱoles y japoneses que querĆan hacer Ā«maravillasĀ» con ese taller…
Una cosa para observar en la foto: en primer plano, el reloj de De Simón; colgado en la pared, un reloj que estuvo en alguna oficina ferroviaria; y al fondo, cerca del techo, el famoso Ā«pito del NoroesteĀ». El pito sonaba cada maƱana a las seis para indicar el horario de entrada de los obreros, y el que llegaba tarde tenĆa que dar su Ā«expliqueĀ»; las locomotoras, los vagones tenĆan un calendario de reparación bien preciso: un dĆa para cada tarea, un tiempo estimado para cada arreglo, y por eso cada uno sabĆa cuĆ”nto tiempo tenĆa que emplear para hacer lo suyo. PodrĆamos decir que el taller mismo era como una gran mĆ”quina, como un engranaje.
Y sin embargo tanto PeƱacorada como De Simón cuentan que siempre quedaban huecos para una charla, para un Ā«perritoĀ» (sobre todo en secciones como herrerĆa, fundición, carpinterĆa), para organizar un asado, y que muchas veces (especialmente en los Ćŗltimos tiempos) habĆa que ingeniĆ”rselas, entre todos, para terminar los trabajos aunque faltaran materiales o personas. Por eso muchas veces, -esto lo decĆa De Simón- tenĆan que hacer igual que en ese dibujito animado en que, en una orquesta de gatos paulatinamente diezmada por un ratón que serrucha el piso a los distintos ejecutantes, los pocos gatos que quedan corren desesperados de un puesto al otro, para que todo siga funcionando. (9).
CAJAS DE HERRAMIENTAS
Pedro Caballero trajo hace unos dĆas el cajón de herramientas que por mĆ”s de cuarenta aƱos usó en el galpón de White y en el que guardaba mĆ”s o menos quince llaves, la portĆ”til, la francesa, la pinza, el destornillador, un juego de llaves Allen, una maza, un cortafierro, y algunas otras cosas mĆ”s que se metĆan ahĆ
Herramientas hay en el museo, tanto las viejas herramientas ferroviarias que estÔn en la muestra, o en el almacén; las que usamos nosotros para «desmontar» nuestras «mÔquinas de contar la historia» (videos, fotos, tarjetones, fragmentos de entrevistas, mapas, etc) o las que se usan para hacer maquetas, vitrinas, trabajos de montaje o mantenimiento. (10).
LA HUELGA FERROVIARIA CUANDO FRONDIZI
Fuimos muchos los ferroviarios que sufrimos en carne propia esta huelga, sus alternativas, de cÔrcel y movilización militar posterior. Tampoco vamos a adaptar el testimonio que refleja acabadamente ese trazo negro de nuestra vida ferroviaria-
Alcanza con pronunciar el nombre de Frondizi a cualquier ferroviario de mĆ”s de 65 aƱos para que, invariablemente diga algo como esto: āestĆ”bamos todos de huelga, el paĆs paralizado, y Ć©l paseando allĆ” en la India en elefante. E
Y si ese ferroviario trabajaba en el galpón de locomotoras de Ingeniero White, Talleres Maldonado o BahĆa Blanca Noroeste, o en la estación BahĆa Blanca Sud, enseguida agrega: āahĆ fue cuando fuimos mĆ”s de 4.000 ferroviarios por la avenida Alem, todos presos nos llevaronā. Casi en una misma frase, la āhuelga grandeā de 1961 (consecuencia de la aplicación del Plan Larkin y que duró 42 dĆas), aparece en los relatos de muchos ferroviarios como parte de la huelga de 1958, breve, pero traumĆ”tica por la experiencia en la cĆ”rcel y en la Base Naval y por la āmovilizaciónā (es decir la militarización) de obreros, talleres y estaciones entre diciembre del 58 y junio del 59.
Cuando uno pregunta por la āhuelga grandeā, ellos responden contando cómo marcharon por Alem y cómo los llevaron primero a la cĆ”rcel y despuĆ©s al Regimiento o a la Base Naval de Puerto Belgrano (cosa que ocurrió en 1958); o si uno les pregunta por quĆ© en el ā58 fueron a āentregarseā a los cuarteles, explican que la huelga ya, despuĆ©s de cuarenta dĆas, se volvĆa insostenible (Ā”y esa es la huelga de 1961).
Uno podrĆa preguntarse por quĆ© se da esa confusión: hay quien dice: y, es cosa de la edad, quĆ© querĆ©s, si tienen todos mĆ”s de sesenta y cinco aƱos, los que te pueden contar sobre eso. Y sin embargo, esto no sucede solamente entre personas muy mayores o a las que uno podrĆa justificar a causa de algĆŗn problema de salud, sino tambiĆ©n en personas perfectamente lĆŗcidas que relatan con claridad y coherencia, y reflexionan con sentido crĆtico sobre su experiencia, sobre la situación pasada y presente de los ferrocarriles y del paĆs.
ĀæQuĆ© pasa entonces, con la memoria de esa gente? ĀæPor quĆ© recuerdan como uno solo dos momentos tan traumĆ”ticos, pero tan diferentes en sus detalles? Para tratar de comprender esto desde el punto de vista de quienes participaron en ellos, y buscar alguna respuesta a estas preguntas hemos armado algo asĆ como una āhistoria a varias vocesā, con fragmentos de testimonios de muchos ferroviarios de Talleres BahĆa Blanca Noroeste, Maldonado, Galpón de MĆ”quinas de White, estaciones Sud, Noroeste y GalvĆ”n. (11)
Nota: Tino Diez.
Todas las fotos son gentileza de Ferro White.
Fuentes:
(Ā”) – FerroWhite-1 de marzo de 2011.
(2) ā FerroWhite – 29 de agosto de 2007
(3) y (4) – FerroWhite.
(05) – FerroWhite ā 1 de marzo de 2011.
(6) – FerroWhite, – 4 de marzo de 2007.
(7) ā FerroWhite ā 8 de marzo de 2007.
(8) ā FerroWhite – 23 de marzo de 2007.
(9) ā FerroWhite.
(10) ā FerroWhite – 3 de junio de 2007
(11) ā FerroWhite – 8 de agosto de 2007.













